27 de junio de 2010

El caso Jánovas


     En Junio de 1.989, durante uno de mis primeros viajes a los Pirineos quedé sorprendido ante la visión de un pueblo abandonado junto al cauce del río Ara. Para mí no era algo habitual, y tal vez por ello se quedo marcado en mi memoria. He intentado en muchas ocasiones obtener algo más de información, pero desconociendo el nombre del pueblo la tarea no era fácil.
     Veinte años mas tarde, en Junio de 2.009, repetía viaje por la misma zona y me extraña un grupo de casas deshabitadas al margen de la carretera. Decido hacer una visita y tomar unas cuantas fotos por sus calles vacías. El pueblo, ahora habitado por la vegetación, asoma ramas por puertas y ventanas. No acabo de entender el motivo que llevo a sus habitantes a abandonarlo, y todavía lo entiendo menos cuando veo la zona en que se asienta y las ricas tierras que lo rodean.
     Continúo mi viaje y a menos de cuatro kilómetros, situado en un alto, existe otro grupo de casas abandonadas junto a su iglesia. Es sorprendente, no se que pensar, y mi cabeza trata de encontrar una explicación lógica sin conseguirlo. Un kilómetro más allá me encuentro de nuevo con aquel pueblo que veinte años antes me había sorprendido, y reconozco su curioso puente colgante atravesando el río Ara. Solo se me ocurre pensar que sus gentes salieron buscando una vida mejor en los pueblos donde el turismo de montaña se ha hecho fuerte.
     Justo un año más tarde, en Junio de 2010, regreso de visita por la zona, pero esta vez me decido a visitar el pueblo cargado con mi cámara de fotos. Atravieso el puente colgante de madera, y en una de las primeras casas veo un cartel en el que aparece el nombre Jánovas. Ahora si tengo un punto de partida que me aclare el misterio de los pueblos abandonados.
     Me interno por sus solitarias calles y me asomo por sus ventanas y puertas abiertas. El lluvioso invierno ha dado paso a una esplendorosa primavera, y el verde follaje asoma por todos los huecos del deshabitado pueblo. El rojo intenso de las amapolas cubre los campos que lo rodean. Las flores que aparecen por todos los rincones han atraído a innumerables abejas y su zumbido, en ocasiones se me antojan conversaciones que tienen lugar en el interior de las casas. No puedo evitar una cierta inquietud al escuchar ese murmullo.
     De regreso a casa, tecleo la palabra Jánovas en el buscador de mi ordenador y la información comienza a fluir. ¡Increible! Esto no me lo esperaba. El lógico "ahora lo entiendo todo" no se produce y solo se me ocurre decir "no lo entiendo, ¿como se ha podido llegar a esta situación?, no lo entiendo, no entiendo nada".
     Aquellos susurros que en su momento me atemorizaron ahora se con certeza que no eran las abejas, eran sus antiguos habitantes pidiendo justicia.

     Del blog de Manuel Trujillo Berjes he seleccionado la siguiente información:
     Jánovas, el nombre que se da en castellano a la localidad aragonesa de Ixanobas, era hasta hace 50 años un apacible y hermoso lugar, con una iglesia del siglo XVIII con hermosas pinturas, encastado en un lugar bucólico a la salida del un valle en el municipio sobrarbense de Fiscal.
     Pero un día, algún técnico de los que utizan despachos con aire acondicionado en verano y con calefacción en invierno tuvo una brillantísima idea, la de construir en ese lugar un embalse más, para uso y disfrute de la empresa Iberduero, luego Iberdrola, perfectamente vinculada con la oligarquía franquista. Así, el estado le regaló a la empresa los derechos para construir un pantano en el lugar, aunque ello supusiera arruinar la vida de un buen puñado de familias y de paso una parte de nuestro patrimonio histórico, artístico y etnológico.
     Los vecinos iniciaron una lucha para intentar salvar sus casas, sus campos, su iglesia, el cementerio donde están enterrados sus antepasados y todo lo que legítimamente es suyo. Pero ya se sabe, como dice la canción, que si naciste para martillo, del cielo te caen los clavos, y está visto que los habitantes de Jánovas no nacieron precisamente para ser martillos sino para ser clavos. Así que entre amenazas y chantajes, les fijaron una misérrima indemnización por sus bienes y les obligaron, quieras que no, a firmar la venta de su propia vida.
     Posiblemente algunos piensen que se trataba de uno más de los muchos desmanes de la dictadura, pero lo cierto es que en pleno gobierno socialista de Felipe González, en los años 1980, cuando algunas familias aún resistían las amenazas y los acosos viviendo en las casas que heredaron de sus mayores, se presentó la Guardia Civil para expulsarlos como a malhechores y se reventaron las casas con cartuchos de dinamita para que nadie pudiera volver. Esa es la triste historia de este pequeño y bucólico lugar, cuando a él llegó el progreso.
     Pero luego, otros sesudos personajes de los despachos descubrieron que no era posible construir esa presa por la que tanto habían luchado y por la que habían expulsado a los janovenses de sus hogares y los habían destruido con dinamita. Así que la presa quedó sin hacer, con los vecinos expulsados y las casas arrasadas.
     Las leyes españolas, que permiten la expropiación forzosa, dicen sin embargo que si el organismo en favor de quien se hizo la expropiación no ejecuta las obras en un cierto plazo, el expropiado puede solicitar la reversión de los bienes expropiados.
     Y eso es lo que han hecho los descendientes, solicitar la devolución de sus bienes. Pues resulta que el procedimiento se ha iniciado y ahora la empresa Endesa, heredera de los derechos de los expropiadores, deja claro que los antiguos vecinos deberán pagar el precio actualizado tanto de las casas como de las tierras que les fueron expropiadas para construir el fallido embalse, algo que, sigue la noticia, según el director de generación hidráulica de Endesa, Agustín Meseger Altés, es "vital para eliminar cualquier tipo de especulación". Por supuesto, es vital, no vaya a ser que esos cuatro piojosos janovenses quieran encima hacer negocio con sus casas, que ya se sabe lo que pasa cuando a esos desgraciados les da por hacer negocios...
     Ciertamente a uno le producen vergüenza ajena las palabras de este señor que cita textualmente el Heraldo de Aragón, pero allá él con su conciencia. Y más vergüenza me produce vivir en un país que permite que se expulse a las gentes de sus casas a punta de fusil, se les dinamiten sus casas y, más de 50 años después, se les exija un rescate para recuperar las ruinas, no vaya a ser que especulen. Aquí la única que ha especulado con la miseria de un pueblo es Endesa y sus antecesores, señor mío, los janovenses estaban muy felices en sus casas y sus campos trabajando y haciendo crecer sus cosechas y sus animales antes de que llegasen los especuladores y antes siquiera de que los janovenses supieran qué es un especulador. Me sonroja leer los compromisos de Endesa..., donde dicen que Desarrollo sostenible para ENDESA significa crecimiento, teniendo en cuenta la responsabilidad social en las sociedades en las que operamos, el empleo eficiente de los recursos, de forma que nuestro impacto en el medio ambiente sea aceptable, y la creación de riqueza para aquellos que en ella invierten, trabajan o sirven con nuestros servicios.
     Lo que la más elemental justicia exige es que, en primer lugar, se reconstruyan una por una todas las casas del lugar, se las devuelva a sus dueños y se les pague una importante indemnización, muy importante, de esas que hagan que a nadie más se le pueda ocurrir repetir una salvajada como esta. Además, averiguar quiénes han intervenido en la expropiación y exigirles las responsabilidades legales a que haya lugar. Porque no es de recibo estas actuaciones en un país democrático. Y las responsabilidades abarcan en este caso a directores de las empresas, políticos, funcionarios y a todo aquél que haya estampado su firma en los documentos respectivos.
     Es la única manera de que todos nosotros podamos dormir tranquilos en nuestras casas, sin temer que mañana nos expulsen a punta de fusil. Incluído el señor director de generación hidráulica de Endesa que tanto miedo parece tener a los especuladores (por lo menos a los de Jánovas).

     El embalse de Jánovas en el Río Ara afectó a los pueblos de Jánovas, Lavelilla, Lacort y a quince pueblos de La Solana de Burgasé: Burgasé, Cájol, Cámpol, Castellar, Ceresuela, Gere, Ginuábel, Giral, Muro, Puyuelo, San Felices, San Martín, Sasé, Semolué y Villamana. También en la rivera del Ara fueron parcialmente despoblados Santa Olaria, Javierre y Ligüerre de Ara.

26 de junio de 2010

Las fachadas en pie

Los métodos de Iberduero

     El embalse de Jánovas se sitúa en la comarca oscense del Sobrarbe, que destaca por su riqueza natural, incluyendo el Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido y parte de los Parques Naturales de Posets-Maladeta y Sierra y Cañones de Guara. Las comunicaciones en esta zona de difícil orografía se estructuran en torno a los ejes que delimitan los dos ríos principales: el Cinca que recorre el territorio de norte a sur, mientras que el río Ara desciende un buen trecho de oeste a este, aprovechando la Depresión Intrapirenaica, donde se sitúan los pueblos más grandes, L'Ainsa y Boltaña.
     El río Ara nace en la frontera con Francia en la Sierra de Sandanerlo, descendiendo por la garganta de Bujaruelo y alcanzando los pueblos de Torla y Broto, para, una vez serenado en los llanos de Sarvisé, continuar por Fiscal, Lacort, Lavelilla, Jánovas y Boltaña, hasta desembocar en el Cinca a la altura de L'Ainsa. Recibe por su margen derecha al Arazas, el río que nace en el valle de Ordesa. Hacia el sur de L'Ainsa todavía se asienta casi la mitad del territorio comarcal, en una zona aún montañosa, donde el fondo del valle se encuentra totalmente ocupado por dos enormes embalses: Mediano y El Grado. Los núcleos, tierras y patrimonios de Jánovas, Lavelilla, Lacort y otros situados por debajo o en el entorno de la cota 710 m, fueron objeto del proceso expropiatorio, a los que habría que añadir los más de 27 patrimonios adquiridos en los núcleos de Ligüerre de Ara, Javierre, Santa Olaria, Albella, San Juste y Fiscal, encima de dicha cota, por parte de la empresa hidroeléctrica concesionaria. La expropiación de Jánovas, Lacort y Lavelilla, fue un factor desencadenante del abandono de gran parte del valle medio del Ara y de toda La Solana de Burgasé. La zona media de la cuenca la componían tres municipios: Burgasé, Albella-Jánovas y Fiscal. Vivían 1.787 personas (censo de 1951), de las cuales quedaron, al final del proceso expropiatorio, 346 (censo de 1981) y un único término municipal, el actual término municipal de Fiscal, producto de la fusión de los tres términos municipales preexistentes.
     Las pérdidas que ocasionó este proyecto fraguado en los años 20 e impulsado en los 50 fue tal que todavía hoy el curso medio del río Ara es un gran despoblado dentro del valle. En el caso de Jánovas cuya morfología era bajomedieval semejante a otros pueblos de la zona, no sólo fue expropiado y desalojado sino que además dinamitaron sus casas para que evitaran la tentación de volver a ellas. Lacort, con el último Batán de tecnología preindustrial de Aragón, fue igualmente desalojado, sus altas y amplias edificaciones tradicionales estructuradas alrededor de una sola calle sufrieron los rigores del paso del tiempo. En Lavelilla se encuentran escasos restos de la iglesia parroquial de San Pedro ad Víncula, de estilo lombardo (siglo XI). También se encuentran en ruinas los dos torreones defensivos del siglo XVI. Lavelilla poco tiene que ver con las fotografías que tomara Lucien Briet a principios del siglo XX, siendo hoy un amasijo de ruinas informes que apenas permite reconocer sus casas y sus construcciones auxiliares, y supone una gran pérdida para el patrimonio de esta zona. Los daños colaterales en el vecino valle de la Solana que se abre al norte y en la orilla izquierda del Ara, fueron aún peores, la salida natural del valle era entre Fiscal y Janovas justo donde se construía el pantano. Casi 10 pueblos se despoblaron porque el proyecto condenaba sus tierras de cultivo, su salida natural y a sus vecinos más prósperos de la ribera del Ara: Jánovas y Lacort.
     A consecuencia del proyecto de construcción del pantano de Jánovas en estas tierras pirenaicas se empezaron a despoblar pueblos de la ribera media del Ara. El valle de la Solana resultó muy perjudicado por este proyecto. Este valle se abre a la izquierda del río Ara, con pueblos como Tricas, Muro de Solana, Sasé, Cájol, Semolué, Geré, Burgasé, Giral, Ginuábel, Castellar, Villamana, San Felices de Solana, San Martín de Solana, Puyuelo y Campol. Entre estos pueblos hay buenos ejemplos de casas tradicionales, edificios medievales, casas señoriales del S. XVI al XVIII e Iglesias del S. XV con pinturas murales y otros tantos ejemplos del patrimonio histórico de estos valles, que también albergan espacios naturales de gran valor ecológico.
     Como consecuencia de este despoblamiento se perdió la fuerte identidad colectiva y etnológica de las gentes de estos valles, el folklore, el habla y parte de su patrimonio histórico. Aunque pudiéramos reconstruir estos lugares nada podría ser igual porque tradiciones con siglos de arraigo se vieron truncadas por el proyecto de construcción del pantano de Jánovas.
     En Huesca tuvimos entre otros ejemplos el todavía más lamentable pantano de Yesa, en la canal de Verdún, con miles de habitantes expropiados y desarraigados de su lugar de origen, con Iglesias románicas, casas y puentes medievales y pueblos enteros inundados bajo las aguas del pantano, lo que supuso una considerable pérdida para el patrimonio cultural e histórico del alto Aragón.
     El día 28 de diciembre de 1960 se publicó en el Boletín Oficial de la Provincia de Huesca, la resolución de la comisaría de aguas del Ebro, en la que figuraba la relación de fincas y propietarios expropiados.
     Para convencer a las familias que se resistían a abandonar Jánovas de que marchasen, se procedía sin previo aviso a la voladura con dinamita de las casas que ya estaban desalojadas. Gracias a las casas recias de buena piedra donde se refugiaban y vivían los vecinos de Jánovas no hubo ningún percance, allí se vivía algo parecido a un bombardeo, además de los cristales, los tejados quedaban seriamente dañados por efecto de las piedras que volaban disparadas a consecuencia de las explosiones, afortunadamente al exponer los hechos, los vecinos de Jánovas en el despacho del gobernador civil de Huesca, Víctor Fragoso, procedió a impedir las voladuras. Iberduero siempre negó haber utilizado explosivos ni ningún otro género de medios violentos o coactivos, los derribos de las casas continuaron a base de picos, mazos y palas excavadoras.
     La casa-habitación del maestro estaba en la tercera planta del edificio de la escuela, esa planta estaba sobre la reservada al aula. La empresa decidió demolerla como otras muchas casas de su “propiedad” ahora bien tuvo que limitarse al piso de arriba, con el inferior no pudo hacer lo mismo pues la inspección de Huesca mientras hubiese niños no decretaba la extinción de la escuela. Los niños tuvieron que sufrir el estruendo del derribo de la planta superior. La escuela estaba en el conjunto de bienes comunales que la junta vecinal había vendido a Iberduero en el año 1962, dicha venta estaba en litigio y dicho litigio siguió durante muchos años.
     El 4 de agosto de 1966 un empleado de Iberduero y afecto al servicio de expropiaciones de la empresa, tiró la puerta de la escuela de una patada, agarró a la maestra de los pelos y la sacó fuera, detrás salieron los niños entre empujones y patadas.

     Emilio Garcés y Antonio Buisán que era cartero, vivían en casas que les habían sido arrendadas. Los dueños habían vendido o habían sido expropiados. La presión que tuvieron que soportar fue constante.
     Buisán compró una vaca para criar al pequeño de sus cinco hijos, le denunciaron por guardar la vaca en una cuadra de un familiar suyo, cuadra que en esos momentos era propiedad de Iberduero. Le volvieron a denunciar por dejar la vaca y un ternero en una cuadra de un antiguo vecino de Jánovas al cual había pedido permiso, es denunciado por el mismo motivo, pernoctar vacuno en una cuadra propiedad de Iberduero, le denunciaban hasta cuando llevaba a apacentar la vaca al campo. Buisán había plantado patatas en un huerto frente al puente colgante, cuando estaba recogiéndolas con su hijo, detrás se puso un tractor llevándose todo por delante, después lo labraron todo los tractores. Buisán estaba muy enfermo y fue la última persona que falleció en Jánovas.
     En el pueblo de Lacort, Iberduero también utilizó estos mismos métodos. A Ramón Giral Palacio le labraron en el año 1971 varias fincas que tenía sembradas, Iberduero las consideraba suyas por estar expropiadas, pero evidentemente Giral no opinaba lo mismo, al menos hasta que el tribunal supremo no resolviera el recurso presentado sobre la expropiación. Un perito enviado por el juzgado de Boltaña dió fe de que los cultivos estaban destrozados al haber pasado por ellos un tractor de grada de discos.
     Cuando quedaron solos los Garcés-Castillo les fue bloqueado el puente colgante en tres ocasiones para impedirles el acceso a la carretera.
     Estos sólo son algunos ejemplos de los malos modos que se utilizaron con los vecinos de Jánovas.
     El 14 de febrero de 1967 sólo quedaban abiertas tres casas, las de Emilio Garcés Frechín, Antonio Buisán Lacort y Miguel Pera, en aquel entonces la comisaría de aguas del Ebro envió a Jánovas las actas de ocupación de sus viviendas.
     A principios del año siguiente Miguel Pera se fue a Barcelona. Tras la muerte de Antonio Buisán en el año 1969 su viuda se resistía a abandonar el pueblo pero los hijos no querían dejarla allí sola todo el año, los fríos son intensos en las montañas pirenaicas y las noches, largas y oscuras, sobre todo en un lugar prácticamente deshabitado y en ruinas, donde a menudo se producían prolongados cortes de luz. Así que finalmente María Pueyo acabó por acceder a pasar los inviernos lejos de su casa. Durante quince años, el matrimonio Garcés-Castillo vivió en Jánovas sin más compañía que la de sus hijos los fines de semana y la de los Buisán para el verano. Francisca Castillo se quedaba completamente sola durante todo el día arreglando la casa los huertos y los animales, pues Emilio se iba a trabajar y volvía a la anochecida. Allí permanecieron hasta el 20 de enero de 1984.
     El día 10 de febrero de 2001, se publica en el BOE la Declaración de Impacto Ambiental, firmada por el Secretario General de Medio Ambiente un año antes. En la misma, tras diversas consideraciones e incluyendo diversos anexos sobre la tramitación del expediente ambiental, el órgano competente “no considera pertinente” la construcción de la presa por sus “adversos impactos ambientales”. El río Ara es el mayor río virgen de la cordillera pirenaica y de la cuenca del Ebro. La misma semana de la publicación en el BOE, la totalidad de los grupos parlamentarios de las Cortes de Aragón manifiestan su satisfacción.

Jánovas

Jánovas. Breve reseña histórica

     Jánovas, pueblo ribereño del río Ara, se halla situado a la entrada de un bello congosto incrustado bajo varios montes cubiertos de arbolado. Su origen es medieval. En 1279 pertenecía al Arcedianato de Las Valles. En el S. XIX tenía ya 247 habitantes dedicados en su mayoría a la ganadería y al cultivo de cereales, aunque su economía también estuvo unida a la conducción de troncos de árboles que se realizaba por los ríos Ara y Cinca hasta llegar arrastrados al Ebro y de allí al puerto de Tortosa, a orillas del Mediterráneo. En los años 30 el anuncio de la construcción de la presa condenó a la población a un futuro incierto. En los años 70 fue expropiado y abandonado aunque en los 80 resistía un matrimonio que tuvo que irse después de ver como dinamitaron algunos edificios de alrededor. El núcleo principal se repartía en cinco calles y una plaza, hoy apenas reconocible, rodeada por montones de escombros. Entre las construcciones se pueden apreciar buenos ejemplos de casas del Sobrarbe coronadas por robustas chimeneas. En lo alto del pueblo se encuentra la Iglesia de San Miguel. Fue reconstruida en el siglo XVI, aprovechando los restos románicos de la anterior. Tiene nave rectangular y testero recto que se cubre con bóveda apuntada. Posee tres capillas a los laterales y una maciza torre cuadrada de tres tramos que se levanta sobre el ábside. El interior ha sido eventualmente utilizado como cuadra. El pórtico de origen románico fue desmontado y trasladado a Fiscal. Junto a la Iglesia se conserva un crucero y el cementerio.

Campos de Jánovas. El color de la desolación

El balcón de las amapolas de Lacort

Algo de historia de Lacort

     Pueblo de la provincia de Huesca perteneciente a la comarca histórica de Sobrarbe. Está situado en la Ribera de Fiscal a la margen izquierda del río Ara.
     Lacort era señorío de realengo en el siglo XVI. En lo eclesiástico perteneció al arcedianato de Sobrarbe, luego al obispado de Huesca, y en 1571 al de Barbastro. Fue sobrecullida de Aínsa y vereda y corregimiento de Jaca.
     En el siglo XVI se construyó una gran torre defensiva con aspilleras y ventanal geminado. De la misma época se considera a los vanos de las casas desiertas que tienen molduras y tracerías góticas. La iglesia construida entre los años 1759 y 1760, es de estilo popular, tiene una nave cubierta por bóveda de lunetos con ábside rectangular y capillas en los laterales, cuatro en total. La torre se levanta al nordeste y es de poca altura.
     En el S. XIX Lacort llegó a tener casi un centenar de habitantes. Tuvieron un Batán, actualmente restaurado en Fiscal, un molino harinero y una serrería, que eran accionados por las aguas del río Ara, río donde se pescaba la trucha. En su valle existía algún cultivo sobre todo de cereal. También se dedicaban a la cría de ganado lanar y vacuno. Por aquí cruzaba una de las principales rutas cabañeras de todo el Pirineo, la que une los valles de Broto y Bujaruelo con los llanos de Fraga y Mequinenza, ya en la ribera del Ebro. Se encontraba una tienda de géneros coloniales y del país, de la que ya se tenía constancia en 1847. También hubo una antigua herrería.
     Fue hasta su despoblación centro neurálgico y comercial de esta zona intermedia del valle del Ara. En 1970 estaban censados 26 habitantes que a los pocos años fueron expropiados y desalojados como otros tantos de los alrededores.
     Se encuentra a una distancia, por carretera de unos 18 Km al noroeste de L'Aínsa y a unos 10 de Boltaña. Dista de Huesca 72 km. Está a una altitud de 705 m. sobre el nivel del mar. El gentilicio es lacortense. El día festivo local es el 8 de septiembre, la Natividad de Nuestra Señora. En mayo la fiesta mayor es en honor a San Miguel.
     Unos kilómetros aguas arriba de Lacort se captaban las aguas del río Ara por un canal que tras discurrir entre los prados, llegaba a una noria donde se elevaba una parte del agua para regar las tierras más cercanas a la actual carretera. El agua sobrante pasaba por un lavadero de ropa y tras salvar un barranco por un pintoresco acueducto de un solo ojo entraba en el molino harinero, un gran edificio al que bajaban a moler desde la mayoría de los pueblos de La Solana y que era punto de encuentro e intercambio. Tras mover el molino, el agua salía hacia otro edificio donde se encontraba un batán, molino cuya función era golpear las prendas de lana para quitarles la "borrilla" y hacerlas más suaves, tupidas y fuertes. Del batán el agua seguía hasta la serrería y tras este último paso era devuelta al Ara poco antes de la pasarela colgante que aún hoy está en pie. Este batan era el último de tecnología preindustrial de Aragón y estuvo en uso hasta 1974. El último batanero fue Pablo Muro de Casa Morer, el cual tuvo que abandonar la localidad tras la despoblación producida por la inminente inundación que supuestamente se iba a producir a causa de la construcción de la presa de Jánovas. El río Ara es en la actualidad el mayor río virgen de la cordillera pirenaica y de la cuenca del Ebro. En el año 1997 con la colaboración del Gobierno de Aragón y el Ayuntamiento de Fiscal, el batán fue desmontado, restaurado y reubicado en la cercana localidad de Fiscal en la margen derecha del río Ara. En estos momentos es el único batan en funcionamiento en Aragón y uno de los pocos que quedan en todo el país.

Fuente: http://perso.wanadoo.es/pirineoaragones/index.htm

Manifiesto




Manifiesto


POR UNA REVERSIÓN JUSTA

ANTECEDENTES

     La Asociación de vecinos afectados por el proyecto del embalse de Jánovas está integrada por las personas que fueron expropiadas como consecuencia del proyecto del embalse de Jánovas, o sus herederos y descendientes.
     El antiguo municipio de Albella y Jánovas, en la provincia de Huesca, integraba varios núcleos de población: en la margen derecha del río Ara, las localidades de Jánovas, Albella, Planillo, San Felices y Ligüerre de Ara, y en la margen izquierda, las de Lavelilla, Lacort, Javierre de Ara y Santaolaria. Todas ellas quedaron arrasadas o seriamente afectadas por la ejecución de una Orden Ministerial de 28 de marzo de 1951, mediante la que se aprobó el “Plan de los aprovechamientos del río Ara (entre Fiscal y Aínsa) y del río Cinca (entre Lafortunada y Aínsa)”, que contemplaba la ejecución de diversos saltos hidroeléctricos, entre otros, el embalse y salto de Jánovas.
     En 1.961 la sociedad concesionaria Iberduero, S.A. solicitó a la Comisaría de Aguas del Ebro la expropiación forzosa de los bienes necesarios para la ejecución del proyecto del embalse y salto de Jánovas. La actuación suponía la inundación total de los núcleos urbanos de las localidades de Jánovas, Lacort y Lavelilla y de la parte económicamente fundamental de esos territorios. En las restantes localidades del municipio de Albella y Jánovas la incidencia no era menor, pues resultaban afectados gran parte de los cultivos de regadío y de las tierras de secano, es decir, los medios habituales de subsistencia en aquella época.
     En efecto, para la mayoría de las familias, la expropiación forzosa de parte de su patrimonio inmueble conllevaba la imposibilidad de permanencia en dichos lugares con el patrimonio restante. Para afrontar este problema, la sociedad concesionaria Iberduero S.A. no aplicó el mismo procedimiento a todos los casos. Simultáneamente se daban expropiaciones por el procedimiento ordinario, por el procedimiento de urgencia, por el de traslado de poblaciones, transmisiones por convenios en avenencia y fincas adquiridas mediante compraventa. Se produjeron bochornosos acontecimientos que marcaron de forma indeleble la historia de Albella y Jánovas; se emplearon los medios más expeditivos para que las familias de Lavelilla, Lacort y Jánovas abandonaran sus viviendas; así, se llegó a utilizar la dinamita para dejar las casas prácticamente derruidas. El hecho es que, de una u otra forma, la sociedad concesionaria Iberduero S.A. como beneficiaria de la expropiación adquirió la totalidad de los bienes y derechos afectados por aquella Orden Ministerial de 28 de marzo de 1951.
     Al mismo tiempo que adquiría terrenos para la construcción del embalse, la sociedad Iberduero, S.A. iba solicitando prórrogas para su ejecución. La concesionaria pretendía ampliar la concesión y modificar el proyecto, que pasó de una capacidad de 189,7 Hm3 en 1.951, a otras muy superiores de 548,5 Hm3 en 1.972, o de 354 Hm3 en 1.982. La concesión fue transmitida a Eléctricas Reunidas de Zaragoza, S.A. en el año 1.993, pero el proyecto seguía sin tener una finalidad clara, primero hidroeléctrica, luego de regulación para regadío, el caso es que seguía sin ejecutarse. Ello significó que en el activo de los balances de las distintas concesionarias figurasen esos aprovechamientos virtuales como auténticas “concesiones en cartera”, esto es, concesiones claramente incursas en caducidad sin otra finalidad que la de operar con ellas en el tráfico mercantil y garantizar el interés privado y el mercado de consumidores de dichas sociedades, en perjuicio del interés colectivo y del racional aprovechamiento del dominio público, como advirtió el propio Defensor del Pueblo (expediente AI/AT/Q/33/92) en el año 1.993 a raíz de una queja presentada por esta Asociación. La indignación de los afectados era patente y comenzaron a sucederse nuestras solicitudes ante la Administración Hidráulica en orden a que se declarase la extinción del aprovechamiento del embalse de Jánovas y la apertura de la reversión de los terrenos afectados. Estas peticiones chocaron con las argucias de todo tipo empleadas por las concesionarias en orden a distraer la ley y evitar que el incumplimiento de los plazos provocase la caducidad de las concesiones, así como con la actuación condescendiente de la Administración, que contribuyó al mantenimiento de esa actuación lesiva cuando existían razones más que suficientes para intervenir en el asunto. De hecho, tuvimos que esperar hasta el año 2.000 para que se produjese una reacción de la Administración. El enésimo proyecto presentado por las sociedades concesionarias fue descartado por sus impactos adversos significativos sobre el medio ambiente. Esta decisión unida a la sentencia de la Audiencia Nacional de 14/03/03 en la que se declaró el derecho de los afectados a que se iniciase y tramitase el expediente de caducidad de la concesión, precipitaron por fin el desenlace del asunto. El proyecto fue denegado por una resolución del Ministerio de Medio Ambiente de 11 de febrero de 2.005; la disposición adicional octava de la Ley 11/2.005, de 22 de junio, modificatoria del Plan Hidrológico Nacional, dispuso la desestimación de la construcción del pantano de Jánovas y la obligación de las Administraciones Central, Autonómica y Local de elaborar un plan de desarrollo sostenible para el ámbito afectado.
     Finalmente, por otra resolución del Ministerio de Medio Ambiente de 16 de junio de 2.008, se resolvió la extinción del aprovechamiento del salto hidroeléctrico de Jánovas y se encomendó a la Confederación Hidrográfica del Ebro la iniciación del procedimiento de reversión que, actualmente, se encuentra en trámite.


SITUACIÓN ACTUAL


     En el procedimiento de reversión los afectados reclamamos, esencialmente, dos cosas: la recuperación de todos los bienes afectados, tanto los que iban a resultar anegados por las aguas como los que fueron vendidos ante la pérdida de los medios de subsistencia que tal situación entrañaba, y la fijación del precio de la reversión de acuerdo con la tasación actual que peritos independientes han realizado para cada expediente teniendo en cuenta el valor real de los bienes en función de su estado en el momento actual. Con ello pretendemos que se haga justicia en una mínima parte por el largo calvario que hemos tenido que pasar para llegar a vislumbrar la declaración de caducidad del aprovechamiento hidroeléctrico de Jánovas, así como la posibilidad de que los bienes que un día fueron propiedad de nuestras familias nos sean devueltos.
     Lamentablemente, Endesa Generación, S.A., como sucesora de Iberduero, S.A., y la Confederación Hidrográfica del Ebro, como Administración encargada de tutelar el procedimiento de reversión, se niegan a acoger nuestro planteamiento. Consideran improcedente la devolución de aquellos patrimonios vendidos porque entienden que su adquisición no respondió a la causa de la expropiación; en cuanto al precio de la reversión se limitan a señalar que ha de estarse a la actualización de la indemnización expropiatoria conforme a la evolución del índice de precios de consumo, sin tener en cuenta el menoscabo sufrido en nuestros bienes en el periodo comprendido entre su expropiación y la solicitud de reversión. De hecho, están reclamando, en singular avenencia, una actualización que supone aplicar, en general, una variación del IPC del 2.000 % al 3.000 %.
     Creemos que no exageramos si decimos que el caso de Jánovas supone un ejemplo paradigmático de las terribles consecuencias ocasionadas por una planificación hidroeléctrica ajena por completo al interés general y a los derechos de las personas afectadas, que nunca debiera repetirse. Por ello, no puede recibir un tratamiento tansimplista.

REIVINDICACIONES

     Los daños que el proyecto frustrado del embalse de Jánovas ha ocasionado pueden calificarse ciertamente de irremediables. Nunca se podrá compensar el patrimonio cultural destruido, la ruptura de relaciones sociales entre gentes que ocupaban pacíficamente aquellas localidades del cauce medio del río Ara, la eliminación o emigración traumática del pueblo de origen, el hecho de perder un espacio físico en el que situar el pasado, las vivencias, las señas de identidad. Todo ello, además, para nada, pues el embalse no se ha construido ni se construirá jamás.
     Pero quizás lo que más nos duele es la sorprendente actitud que muestran en el siglo XXI quienes pueden saldar una deuda histórica con los afectados por el embalse de Jánovas.
     La Administración, que únicamente debe guiarse por el interés general y la obtención de beneficio para la colectividad, consintió que la compañía Iberduero, S.A. mantuviese en sus manos durante cincuenta años un aprovechamiento hidroeléctrico que nunca ejecutó, y ahora no parece poner ningún reparo a que Endesa Generación, S.A., la sucesora de Iberduero, S.A., pretenda que ¡¡¡“devolvamos” la “actualización” del “justo precio” percibido por los afectados!!! sin efectuar mención alguna al desastre cometido, como si nada hubiera ocurrido entre los años 1.961 y 2.010. Esta situación nos parece inconcebible y ciertamente escandalosa. Máxime, cuando resulta que ni siquiera se ha iniciado la ejecución del obligado plan de desarrollo sostenible para el ámbito afectado. Es imprescindible abordar ya la implantación de los elementos de todo orden necesarios para que los afectados puedan desarrollar su vida personal, laboral y social con normalidad, mediante la ejecución de las obras e infraestructuras de interés general, carreteras, caminos, riegos, servicios urbanos de toda índole como agua, saneamiento, electricidad y alumbrado, calles, edificios e instalaciones públicas municipales, etc. De poco servirá la reversión de nuestro patrimonio si no se acomete simultáneamente la recuperación de los núcleos afectados por el proyecto del Salto de Jánovas.
     En definitiva, es imposible proporcionar una sensación de satisfacción que haga desaparecer el dolor y daño sufridos. El acogimiento de las reivindicaciones que en este manifiesto planteamos, debe servir, al menos, para restablecer el reconocimiento social de los afectados, perdido por la situación de humillación recibida durante tan largo período de tiempo.
     Así pues, esta es nuestra declaración pública de principios y reivindicaciones:

POR UNA REVERSIÓN JUSTA, SOLICITAMOS:

PRIMERO: LA ÍNTEGRA DEVOLUCIÓN DE NUESTROS BIENES, FUERAN VENDIDOS O EXPROPIADOS.

SEGUNDO: LA FIJACIÓN DEL PRECIO PARA LA READQUISICIÓN DE NUESTRO PATRIMONIO DE ACUERDO CON LA TASACIÓN REALIZADA POR LOS PERITOS INDEPENDIENTES TENIENDO EN CUENTA EL VALOR REAL DE LOS BIENES EN FUNCIÓN DE SU ESTADO EN EL MOMENTO ACTUAL.

TERCERO: EL IMPULSO, PLANIFICACIÓN, FINANCIACIÓN Y EJECUCIÓN DEL OBLIGADO PLAN DE DESARROLLO SOSTENIBLE PARA EL ÁMBITO AFECTADO POR EL PROYECTO DEL SALTO DE JÁNOVAS.

     Por ello, POR UNA REVERSIÓN JUSTA, solicitamos la adhesión a este manifiesto de toda persona, asociación, organización o partido político que considere que nuestras pretensiones son de justicia. Puede adherirse mediante correo postal al apartado de correos nº 23, código postal 50650 Gallur (Zaragoza), por correo electrónico a presidencia@janovas.es y en www.janovas.es.

ASOCIACIÓN DE VECINOS AFECTADOS POR EL PROYECTO DEL EMBALSE DE JÁNOVAS - 22 Junio, 2010

Ruinas

Calles vacias

El pregón de Eva. San Miguel 2008


EL PREGÓN DE EVA

Pregón de Fiesta de Jánovas San Miguel 2008

     "Cuando me propusieron ser la pregonera de este año, sentí gran alegría y un enorme agradecimiento por poder contaros todo aquello que para mí significa Jánovas.
     Muchas veces cuando me preguntan por qué dejé Barcelona y me vine aquí, intento explicar que parte de culpa la tiene Jánovas. Cuando aterricé en este Valle hacía quince días que habíamos enterrado a mi abuela María de Jánovas y entonces sentí que alguien debía tomar su relevo. De alguna forma me sentí portadora de un legado que sin saberlo ella, a todos nos dejó. Hoy casi diez años después, siento que Aragón es mi tierra y que Jánovas es mi pueblo. No en vano, tuve la suerte de veranear durante ocho años en este pueblo y pude compartir unos de los mejores momentos de mi vida junto a los Garcés, a los que sin ser familia, siempre los he querido como tal.
     Por ello y por otras muchas cosas más, me siento enormemente afortunada. Sé que nunca podré encontrar mejor casa que Casa El Correo, y nunca podré encontrar mejor gente que la gente de Jánovas y todos los que de un modo u otro os habéis acercado a este pueblo. La historia de Jánovas me ha permitido conocer a grandes personas y hoy presumo de magníficos amigos.
     En el fondo, se trata de no olvidar nuestras raíces, esas raíces que se hunden en los campos, que discurren por las calles empedradas, que, en definitiva, se clavan en nuestras almas.
     Para todos nosotros Jánovas es nuestra historia. Una historia que hay que conocer para que NUNCA más se vuelva a repetir. Una historia que aunque adversa, es el material con el que sabremos construir un futuro mejor.
     Una historia que nos ha dejado pequeños grandes héroes por el camino. Un camino que nunca hemos recorrido solos. Siempre ha habido gente que nos ha acompañado, nos ha alentado y nos ha tendido su mano. Esa ha sido en parte, la grandeza de esta historia.
     Hace más de 90 años, allá por el septiembre de 1917, el Boletín Oficial del Estado, ANEGABA literalmente el futuro de Jánovas, con la concesión de los aprovechamientos de los Ríos Ara y Cinca a la que más tarde sería la empresa encargada de DESTROZAR y ANIQUILAR el Valle medio del Rio Ara: Iberduero.
     Desde entonces hemos vivido muchos años de lucha, de desazón, de sinrazón, de sinsentidos,.. pero también de firmeza, de coraje, de resistencia, de “no reblar”…, En este discurrir del tiempo hemos conocido a:
- Asociaciones que lograron grandes gestas como la Asociación Rio Ara,
- Rondadores que nos han dedicado sus canciones, su cariño y sus ánimos como la Ronda de Boltaña,
- Escritoras que dejaron testimonio fiel de lo sucedido como Mari Sancho Menjón,
- Profesores que alzaron su voz para concienciar de que Jánovas era una aberración, como Perico Arrojo, JJ Gracia o Javier Martínez Gil,
- Abogados que hicieron temblar Ministerios como los Beaumont, y otros que recogieron el testigo y se implicaron magistralmente de lleno como José Antonio Garcés, y
- Sobre todo, personas de a pié, gente de nuestro valle, de otros valles, de otras ciudades que se acercaron a conocer la historia de Jánovas y que se aglutinaron en torno a la defensa de lo que un día alguien acertó en titular: LA DIGNIDAD DE LAS MONTAÑAS.
     Pero este año, nuestra fiesta tiene otros tintes, hay mucho que celebrar, y desde luego, mucho por hacer. Hay que celebrar que la perseverancia, al final, da sus frutos, y que la razón nuevamente se impone al poder. Pero sabemos, que todavía nos queda mucho por recorrer y que todavía nos queda mucha historia por escribir.
     En Junio de este año, el Ministerio de Medio Ambiente declaró formalmente extinguida la concesión de aprovechamiento del Rio Ara, y encomendó a la Confederación Hidrográfica del Ebro, el inicio del expediente de Reversión de las propiedades a sus antiguos dueños. Cada vez está más cerca la posibilidad de volver a vivir en nuestras casas. Una reversión que debe ser integral y justa.
     Ya se ha hecho suficiente daño, ya se han llevado a cabo demasiados despropósitos y hemos asistido impotentes a la ocupación de nuestras tierras durante más de treinta años por parte de esos PIRATAS que tenemos como vecinos. Solo el tiempo los pondrá en su sitio.
     Otros, a la luz de la buena noticia han salido ávidos y apresurados a transmitir a la opinión pública el apoyo institucional y administrativo al Caso Jánovas. Creemos que la etapa de las buenas palabras y de las buenas intenciones ya ha pasado, Jánovas NO necesita palabras, necesita HECHOS. Necesita compromisos reales y firmes y no apoyos ficticios surgidos del oportunismo político.
     Pero también os digo, que parte de esta responsabilidad la tenemos nosotros. El futuro lo escribimos nosotros. Depende de cómo sepamos lucharnos las cosas, depende de cómo sepamos defendernos lo nuestro, así responderán las administraciones. Hemos vencido una batalla, pero hay que ganar la guerra. Y nuestra guerra todavía no ha terminado.
     Así que, como todo guerrero que se precie, también nosotros nos merecemos HOY celebrar la victoria, pero sabiendo que volveremos a rearmaros y a demostrar que como siempre, seguiremos siendo portadores de los valores que hemos heredado de nuestros antepasados, que nos sigue importando mucho nuestra tierra y nuestro Valle, que no queremos que nos vuelvan a DINAMITAR, esta vez, con especulaciones y destrozos urbanísticos, y que seguimos defendiendo lo que siempre hemos defendido: la dignidad de la vida en la montaña y de todo lo que ello significa. Porque nuestras montañas, nuestros ríos, y nuestras casas son en definitiva nuestras señas de identidad. Una IDENTIDAD a la que nunca hemos renunciado, y que ahora podemos recuperar.
     Con gran alegría me complace anunciaros el inicio de la celebración de la Sexta Fiesta de Jánovas e invitaros a participar en ella.
     Muchas gracias por haberme escuchado".

Jánovas, 27 septiembre 2008
Eva Muñoz Buisán
Casa El Correo de Jánovas